‘Las enormes montañas que viste cuando eras pequeño siguen gigantes y cuando pasas por su lado, te miran y se acuerdan de ti y te dicen: eres tú el que has crecido. Y aunque haga años que no vas a verlas te perdonan, porque para ellas tu vida es un suspiro.
“Me daba cuenta de cómo sería mi futuro. Tenía 25 años y, si me quedaba allí donde estaba, me podía imaginar perfectamente cómo sería toda mi vida hasta que me muriese, porque tenía un buen trabajo y las cosas me iban bien. Pero no sé por qué iba a cambiar, en realidad. Sabía que quería ir a Bosnia.”